Si la vida es sueño...¡que me dejen dormido!

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    jueves, 13 de diciembre de 2012

    La amo, no es mi deseo no, el verla sufrir…





    Pasan las horas y las manecillas del reloj,
    juegan a burlarse de  mis pensamientos.
    La tristeza se apodera de mi angustia,
    y el esfuerzo por contenerla, es inútil.

    Las entrañas se me anudan en el estómago,
    la sangre ruge y se altera, arde en mis venas.
    El fin se acerca, lo sé, está próximo, voy directo hacia él,
    aunque es tarde, la muerte, viene a consolarme.

    No quiero que las lágrimas se adueñen de mí,
    que me cercenen de un solo tajo las ilusiones,
    tampoco quiero mencionarla, pese a que… la amo,
    no es mi deseo no, el verla sufrir…

    Quisiera que durara el día para poder mirar sus ojos,
    verme reflejado en ellos, y,  ¡ahogarme en sus lagrimales!
    pero no, no es tiempo de quejarse, ya es hora… 
    debo abandonar mi cuerpo,
    y poder así navegar por siempre…

     en sus pensamientos.



    Recibí una rosa, un sello de sus labios

     
    "Mírala, es ella, una mujer,
    la única que puede desnudar tu fe,
    incluso desnudarte a ti mismo".

    Recibí una rosa,
    un sello de sus labios, 
    no pude remediarlo y...
    me marché llorando.

    No era ella quien me dejaba,
    era Dios quien se la llevaba.
    Pensé un instante:
    «De qué sirve creer si al final
     sabemos que no existe…».

    Me dolió hasta el alma el pensarlo...
    ¡Maldita sea esta vida injusta!
    ¿Por qué no te me llevaste a mí?
    ¿Qué más te daba un cuerpo que otro,
     si es solo carroña lo que acaba
    finalmente en tus brazos…?

    "Mírala, es ella, una mujer,
    la única que puede desnudar tu fe,
    incluso desnudarte a ti mismo".

    Te fuiste de mi vida y solo me quedará
    el regusto amargo de no haberte besado nunca...
    por esa razón desprecio a ese "ser" que lo ve todo,

    “todo” lo puede, pero… !no hace nada!





    miércoles, 12 de diciembre de 2012

    Eres tú, mi amor… eres la única dueña



    Como si fuese arena fina del desierto,
    calientes, tus manos,
    me acarician y resbalan sobre mi piel,
    dejando en ella surcos húmedos,
    donde navego, a mi vez, desnudo,
    y pidiendo que jamás se acabe… este sueño.

    Casi percibo la delicada fragancia de tu perfume,
    penetrar por cada poro de mi piel,
    siento como se adueña de mi cuerpo,
    y hasta de mis pensamientos.

    Eres tú, mi amor… eres la única dueña, yo, tu esclavo,
    me pervierto, diluido, casi etéreo, me lamento,
    de no poseer el don de lubicuidad,
    y no ser el mío más que el sueño… de un iluso,

    intentando convertir mis versos, ¡en tus besos!


    martes, 4 de diciembre de 2012

    Si un día me voy... ¡búscame, Madre!


    Nunca podré olvidarte, Madre...
    tampoco todo ese amor , cariño y bondad,
    que depositaste en mí, sin juzgarme,
    sin esperar jamás recibir lo mismo de mí.

    Me distes tanto, ¡tanto amor y ternura...!
    ¡MADRE...!
    ¿Cómo olvidar todo lo que me diste?
    y ahora... tú, estás tan lejos,
    ¿o yo de ti...? ¡No lo sé!

    Sólo sé, Madre, que… te extraño
    y te echo tanto, tantísimo de menos...
    mi cuerpo, mente y corazón,
    sólo quieren estar contigo, Madre.
    Que me sientas... o presientas... tan lejos
    y tan cerca a la vez pues... ¡jamás te olvido, Madre!

    Tú esencia madre... ese aroma limpio,
    que desprendía tu cuerpo recién duchado,
    o el olor que desprendía tu casa, cuidada y pulcra
    con ese aroma a rosas «tus preferidas, madre»,
    que tanto a ti te gustaban...


    Cuánto me gustaría de nuevo acariciar
    cada pliegue o cada arruga de tu piel
    aquella que extraño tanto y tanto echo de menos...
    Aquí estoy de nuevo madre... pensándote y extrañándote
    como cada día de mi vida que vivo... sin ti.


    Soy muy feliz madre...
    tengo una familia que me adora,
    unos hijos que me aman
    y una bella mujer que, en la distancia,
    me espera.


    Sin embargo, Madre mía...
    ¡SIEMPRE ME FALTARÁS TÚ!
    y allá dónde tú estés,
    perdida en esa lejanía que me espanta...
    ¡yo siento que cada día te amo más, Madre mía!