Si la vida es sueño...¡que me dejen dormido!

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    jueves, 11 de junio de 2015

    Honda, amarga, agridulce ¡traicionera!...



     
    Imagen propiedad de na.pulpit.com

    Vibra, tiembla y resuena, mi corazón, al ritmo de mi sangre,
    pide fuerzas para escapar del orgullo y obviar su necedad;
    la que vive hondamente y prisionera en mis entrañas... y es ocre,
    amarga, diáfana e insalubre, desgarradora, la soledad.

    Honda, amarga, agridulce ¡traicionera!... me puede el lastre:
    la pesada losa que me baja al fondo infernal de la ruindad
    y me hace desvestir las vestiduras de lo etéreo que, abre;
    al infernal demonio, habitante eterno, su exigua bondad.

    Poderosas razones me avalan, soy ajeno, soy mendigo,
    de mi sangre, se nutren y viven mis mortales enemigos;
    soy el pan en su mesa... con mi palabra, los sano o castigo.

    ¿Cómo no van a rendirse, si soy sus pieles o sus abrigos?
    Triste es la esencia a la que me lleva esta soledad, gris y amargo...
    ser un Dios inmortal, sin poder tocar o acariciar sus logros.