Si la vida es sueño...¡que me dejen dormido!

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    jueves, 2 de julio de 2015

    Así soy yo... duro, seco y abyecto


     


    Soy prisionero de los sentimientos,
    razones, si las busco, no me faltan,
    soy además sincero, sin aprietos,
    las verdades me atraen y estimulan.

    Viajo siempre desnudo y sin secretos,
    los tiempos transcurren lentos, se adueñan
    por instantes de mis sueños y objetos.
    Soy como el olivo viejo... en su afán

    por llegar a ser el más decrépito,
    fijo en la tierra, poca agua y sustento.
    Así soy yo... duro, seco y abyecto.

    Prisionero de mi lengua, abierto,
    pero al mismo tiempo... frío y adicto
    a las caricias, besos y al afecto.



    El aire calló, la muerte fue un hecho

    Imagen obtenida de Internet

    Huyo de mí, desesperado y necio.
    A punto de morir... roto y deshecho.
    Miro pálido hacia el cielo y abrevio...
    solo me quedan metros... toqué techo.

    Ya mi pobre corazón enmudeció,
    el aire calló, la muerte fue un hecho.
    Me trajo la paz, al fin, el cansancio
    y mi historia, triste y loca... se tronchó.

    El alma se preparó para partir,
    la sentí cómo rompía mis huesos,
    los abría... hacían a mi pecho latir.

    La sangre era húmeda, la sentía bullir.
    Años ya que buscaba nuevos ríos...
    desde que la vi a ella... llorando... partir.



    Arropado por la piel de su abrigo



    Imagen obtenida de Internet


    A solo unos pasos, pisando a fondo,
    arrimando mi ansia a su estómago.
    Penetro excitado su suave nido,
    arropado por la piel de su abrigo.

    Ella gime y gimo yo, abogando
    los dos por no quedarnos sin diálogo
    o sin amor al desnudarla de su vestido
    olvidándonos de tanto pecado y castigo.

    Los dos en la cima habiéndonos querido
    en atardeceres sin sentido... allende los mares,
    y huyendo, amándola directo y consentido.

    La amé y nos amamos mucho esas tardes,
    los dos acalorados... y abrasando.
    Nos dijimos; amor... en mi cuerpo ardes.





    miércoles, 1 de julio de 2015

    Persiguiendo a su Adán...

    Imagen obtenida de Internet


    Siempre se creyó fuerte, dura y seca.
    Cuando en realidad era lana virgen.
    Creía amar y se entregaba loca...
    ciegamente, sin ambages, ni margen.

    Para ella, era poesía arabesca.
    Sueños... diluidos, rotos, en origen.
    En una poza fría y canallesca,
    donde los amores falsos emergen

    Y donde los injustos se apoderan,
    cargados de crueldad, de las sonrisas
    y la bondad de aquellos que los aman.

    Por eso ella sigue sola, sin prisas
    y sin pausa... persiguiendo a su Adán...
    feliz, buceando bajo las olas.